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EE.UU. y Colombia no planean intervención militar en Venezuela, ¿pero Maduro sí?

Nota del editor: Joseph M. Humire es experto en seguridad global, especializado en amenazas trasnacionales en el he...

Posted: Feb. 23, 2018 9:59 PM
Updated: Feb. 23, 2018 9:59 PM

Nota del editor: Joseph M. Humire es experto en seguridad global, especializado en amenazas trasnacionales en el hemisferio occidental. Humire es director ejecutivo del Center for a Secure Free Society, un centro de pensamiento de seguridad estadounidense. Publica columnas en varios medios estadounidenses y aparece como analista en distintos canales, entre ellos CNN en Español. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

(CNN Español) - Por al menos dos décadas hemos escuchado de una posible invasión extranjera en Venezuela. El fallecido presidente Hugo Chávez solía hacer esta acusación con frecuencia en sus largas cadenas de radio y televisión. Muy pocas veces Chávez tenía elementos probatorios, aunque casi siempre lograba su objetivo: distraer a sus seguidores y a la comunidad internacional sobre el caos interno del país. Su sucesor, el presidente Nicolás Maduro, adoptó las mismas tácticas. ¿Pero qué pasa si el objetivo estratégico de la propaganda del régimen venezolano ya no es distraer del caos interno sino provocar un conflicto externo?

Toda buena propaganda, a nivel gubernamental, está basada en elementos de la verdad con manipulación de márgenes. Por lo tanto, la clave para el éxito de cualquier campaña propagandística es controlar esos elementos a través de la presentación de ideas y teorías que sean fáciles de infiltrar en la idiosincrasia y las emociones del ciudadano común. Esta técnica no es ajena para el régimen venezolano. Incluso, ha sido perfeccionada, analizada e implementada por el chavismo y el madurismo por los últimos 20 años. ¿Cómo? Generando un sentimiento antiestadounidense y responsabilizando a EE.UU. de todas las historias, falsas y verdaderas, que el régimen quiere vender.

Si quedan dudas sobre la importancia del uso de propaganda dentro del régimen venezolano, solo falta dar un vistazo a las cifras de 2014 del Ministerio de Comunicación e Información de Venezuela. Estas confirman que el 65% de su presupuesto se destina a la propaganda oficial del gobierno venezolano. Además, el gobierno controla medios estatales y privados, bots de Twitter y otros herramientas cibernéticas, todos, parte de una estructura que da paso a una caja de resonancia internacional que con cada “me gusta” y cada “retuit” hace eco de narrativas mediáticas convenientes a los objetivos estratégicos del régimen.

Hay ejemplos recientes.

Hace apenas unos días había tanques colombianos circulando las calles de Cúcuta para controlar el paso fronterizo entre Venezuela y Colombia. En Brasil, militares brasileños se concentraban en la cuenca del Roraima para controlar la llegada masiva de migrantes venezolanos que huyen de la crisis y la decadencia. Unos kilómetros al norte, el jefe del Comando Sur de EE.UU., Almirante Kurt Tidd, visitaba la frontera colombiana. Esta sucesión de acontecimientos hizo saltar las alarmas en Venezuela y de manera inmediata el régimen de Nicolás Maduro aprovechó el momento para instalar la versión de que desde Colombia se preparaba una invasión.

Para lograr el objetivo, se promovió en Twitter la etiqueta #NoALaInvasionExtranjera, y Telesur, medio que pertenece al Estado venezolano, publicó el titular "La orden de combate fue dada: Guerra de Santos contra Venezuela". La acusación fue luego repetida por el Fiscal General de Venezuela, Tarek William Saab.

Así comenzó la narrativa de la intervención extranjera. Narración que no se originó en el ciberespacio o en los estudios de televisión, sino que yace en papel sobre los escritorios del gobierno venezolano como parte de la estrategia mediática que el régimen quiere impulsar. El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, no le dio cuerda a la canción. Se limitó a rechazar la acusación, tildando todo de "una locura" de "Maduro y sus funcionarios."

Otro tipo de propaganda del régimen llega a través de canales de infiltrados. Durante años como experto en seguridad, con múltiples presentaciones ante el Congreso estadounidense sobre la crisis política venezolana, he tenido acceso a información que apunta a la llegada de una alta cantidad de desertores venezolanos que vienen a EE.UU. ofreciendo secretos de Estado. En ocasiones, estas personas han entregado a autoridades estadounidense detalles sobre casos de lavado de dinero, tráfico de drogas y otros esquemas ilícitos que involucran a funcionarios venezolanos, pero muy pocos, si acaso alguno, ha proporcionado información de inteligencia con utilidad estratégica real. Esto, a pesar de recibir a figuras de alto nivel que rellenaban el círculo del ejecutivo venezolano. En contrainteligencia, eso se llama mala dirección.

En ese orden de ideas, hay una alta posibilidad de que cualquier información que presenta el gobierno venezolano sobre una posible incursión militar en su territorio solo tenga el propósito estratégico de propagandear un conflicto. En este sentido, el objetivo del régimen no es evadir un conflicto, sino provocar que la comunidad internacional reaccione de forma exagerada y ordene la movilización de sus tropas a lo largo de la frontera. Estas situaciones solo sirven para crear un efecto “bola de nieve” en Colombia y en otros lugares del subcontinente. Así, Venezuela alimenta la máquina de resonancia mediática que, a su vez, comienza a repetir detalles sobre una eventual invasión con la esperanza de hacerlo realidad. Venezuela sabe que una eventual invasión no es el tipo de conflicto que se queda en casa. Posiblemente atraería el apoyo de países amigos como Irán o Rusia, creando un problema de mayor escala y obligando a EE.UU. a actuar.

Si este es el caso, Venezuela estaría siguiendo al pie de la letra el patrón de propaganda establecido en el Plan Zamora, un plan cívico-militar que buscaría sofocar el levantamiento popular del año pasado, pero que contiene procedimientos para ejercicios cívico-militares, de contingencia y de reacción armada. La reactivación de conflictos centenarios sobre la frontera marítima y física con Colombia y Guyana, por ejemplo, podría ser parte del este plan donde el objetivo estratégico no es eludir una intervención extranjera sino provocarla. Bajo la normativa del Plan Zamora, Venezuela ha justificado el envío de tropas a la frontera. Ahora, en medio de todo el ruido sobre una invasión extranjera, el presidente Maduro anuncia otro ejercicio militar el sábado 24 y el domingo 25 de febrero "en defensa de la nación”.

Más allá de cualquier declaración dada por el presidente Maduro, el uso de ejercicios militares en combinación con tácticas mediáticas y desertores sospechosos parece ser parte de un plan de propaganda para legitimar un conflicto fronterizo y provocar tal invasión. No caer en provocaciones es el mejor consejo y afortunadamente, muchos miembros de alto nivel de las Fuerzas Armadas de EE.UU. coinciden.

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